viernes, 17 de abril de 2015
¿Quién es la Felicidad?
¿Alguien logra quedarse con Ella? En el mejor de los casos, se puede decir que logramos retener su aroma un poquito más que otro, que andaba ocupado en otra cosa y no valoró su paso.
Pero si no la buscáramos, si no la amáramos como para aferrarnos a su instante ¿qué sentido tendría todo? Al fin y al cabo, de eso se trata la vida: de correr esa carrera avanzando por el camino engañoso, escarpado y agradable que nos va dejando descubrir Ella, paso a paso...
sábado, 29 de junio de 2013
Escuela del amor
más grande de lo que fue
nadie nunca.
Cuanto más te amo
más crece en mí el amor
y más creces tú en mí.
Tú sacas lo mejor de mí
para hacerme siempre
ser mejor de lo que soy.
domingo, 28 de abril de 2013
Volver al sí mismo
No es fácil plantarse ante las personas más cercanas y queridas, y explicarles que nuestras decisiones son sólo nuestras. Que hemos decidido vivir conforme a lo que sentimos y creemos que necesitamos, y no a lo que siempre nos dijeron (y nos siguen diciendo) que es lo correcto, lo recomendable, lo bien visto, lo favorable.
Pero les aseguro que una vez que lo hacemos todo cambia. Al principio habrá que resistir un poco a las ganas de decir que no, que en realidad no es tan así, que era un chiste, un día raro, lo que sea. Ante las reacciones de quienes amamos, será difícil permanecer en nuestra decisión y dar la cara por ello. Ante las costumbres sociales que tenemos tan metidas creyendo que son nuestras, será difícil atreverse cada día a innovar siguiendo una voz interior despojada de mandatos externos.
Pero la buena noticia, es que este período no es más que eso, y llega un momento en que la fidelidad a uno mismo nos fortalece tanto y nos da tanta seguridad y tranquilidad, que de un momento a otro nos damos cuenta que todo ha cambiado. Las personas que más nos importaban, y que hicieron un esfuerzo por entender nuestra "loca y rara" necesidad de volver a nuestro ser más íntimo, de retomar nuestra originalidad y hacerla carne hasta las últimas consecuencias, esas personas empiezan a descubrirnos de una manera nueva, nos valoran más, nos admiran y nos aman más de lo que hubiéramos imaginado si seguíamos intentando complacerlas tratando de ser quienes nosotros creíamos que ellos querían que fuéramos (sí, así de rebuscado y ridículo es lo que nos enseñan a hacer para lograr sentirnos queridos de a ratitos).
Amig@s, vale la pena buscarse a sí mismo, escuchar nuestro interior, jugarnos por los propios ideales y transformarlos en forma real de vivir... no sólo por la libertad y felicidad que alcanzaremos desde nuestro yo, sino también por lo que recogeremos de las personas especiales que logren descubrir en nuestra originalidad personal un elemento valioso y nos quieran no "a pesar de eso" sino por eso mismo...
jueves, 25 de abril de 2013
Ejercicio humanizante
Uno se acostumbra toda la semana a ver caras largas, gente apurada, personas preocupadas y hasta apesadumbradas. Y nos vamos retroalimentando con esa sensación de hastío, tedio y desesperanza.
Últimamente tengo la sensación de que hemos sido lanzados en la vida sin nuestro permiso, y se nos ha obligado a asumir responsabilidades, a crecer, a ser serios y, lo que es peor, exitosos. Nadie nos preguntó si queríamos nacer, crecer, hacernos cargo de nuestra vida y mucho menos de otras vidas. Nadie nos enseñó cómo lograr nuestra aspiración vital de ser felices mientras intentamos cumplir con tantas obligaciones sociales...
Entonces, tomarse un momento a la semana para ver a otras personas ser felices por un rato de domingo, se vuelve un ejercicio vital para retroalimentarnos unos a otros con la fuerza necesaria para seguir adelante en la lucha por seguir vivos dentro de esta sociedad inhumana.
domingo, 10 de marzo de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
La bisagra
He pasado 42 años en este mundo, he luchado muchas batallas que no eran mías, he tratado de encajar en esquemas y formas de vidas de otros sin terminar de encajar nunca, he buscado ser yo misma pagando un alto costo por ello, he buscado mi lugar en el mundo pasando por varios países, he intentado no dejar de crecer nunca, aprender siempre algo valioso, entregar lo que pudiera en cada momento, disfrutar lo que tenía a la mano.
He buscado vivir hondamente el amor, el sacrificio, la entrega, la moralidad, los ideales... y en esa búsqueda me perdí un poco de mí misma, porque mis parámetros estaban fuera de mi identidad... siempre fuera. Luego empecé a reconciliarme conmigo misma y a aceptar que sólo yo puedo ser yo misma, que sólo yo puedo saber qué es lo mejor para mí, que si yo no me amo y me respeto nadie lo hará... y así, al aceptarme, aprendí a valorarme y quererme, a darme mi lugar...
Siento que en estos 42 años tuve momentos intensos, momentos sufridos, momentos alegres, momentos de satisfacción, momentos de frustración, momentos aburridos, momentos desafiantes... también conocí gente muy especial, personas muy valiosas que me enorgullece poder llamar mis amigos. Abrí mucho mi mente y mi comprensión del mundo se amplió conforme conocí diferentes realidades, culturas y personas. Crecí intelectual y profesionalmente, desarrollé muchas habilidades distintas y me entretuve inventando cosas.
Varias veces tuve que torcer mi rumbo, abandonar el camino elegido, recomenzar sin saber hacia dónde, decir "me equivoqué" o reconocer "no soy feliz"... En resumen, estos 42 años, si bien tuvieron elementos positivos, muchas veces se me han hecho cuesta arriba.
Hoy, después de 42 años, he llegado a un presente en mi vida con el que estoy contenta. Contenta en todos los sentidos posibles.
miércoles, 30 de enero de 2013
Perdón, Neruda...
Me gusta cuando callas, porque estás como absorta
y me miras colmada y no dejas de suspirar
Me gusta cuando callas, porque tu silencio denota
que te sientes plena, feliz, amada.
Ver en tu rostro estos sentimientos
derrite mi corazón, que se acelera
Y sólo quiere darte más momentos
para juntas el amor disfrutar.
Me gustas cuando cantas, porque expresas tanto
y tus cuerdas vibran dentro de mí
Me gustas cuando cantas, porque en ese rato
puedo tu corazón entero sentir.
Escuchar tu música significa
poseer tu alma en un instante
y el tiempo no pasa…
Ya no necesito recordarte.
domingo, 20 de enero de 2013
No te llevaste nada...
Te llevaste el brillo de tus ojos
y me dejaste la mirada iluminada...
Te llevaste esa sonrisa contagiosa
y mi vida quedó llena de alegría...
Te llevaste tus labios tentadores
dejando los míos plagados de besos...
Te llevaste tu voz tierna y sensual
que mis oídos aún sienten...
Te llevaste tu sensible cuello
y mi respiración sigue recorriéndolo...
Te llevaste tu cuerpo ardiente
y mis sábanas gritan tu olor...
Dejaste físicamente mi casa que tu amor transformó en hogar...
Pero mi vida ya está llena de ti y nunca más podrá ser lo que era.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Vivir o resistir
- Aprender a amar y dejarnos amar
- Aprender a aprender todo el tiempo
- Aprender a disfrutar de cada momento
- Aprender a compartir lo que somos con quienes nos importan
- Aprender a dejar huella en cada cosa que hacemos
- Aprender lo más difícil: ser feliz siendo nosotr@s mism@s.
lunes, 3 de diciembre de 2012
El encanto incomprendido del camino
Creo que cada persona nace para vivir en busca de su propio camino. Sólo al recorrer ese camino único, su vida tendrá sentido y dejará huella.
Sin embargo, al crecer nos enseñan que lo importante es llegar, y muchas veces creemos que ya alcanzamos la meta y dejamos de buscar. La sociedad nos enseña a amoldarnos a lo establecido, valorando cada pequeño logro como un hallazgo por el que vale la pena abandonar la búsqueda y quedarse tranquilo.
Por eso, cuesta mucho mantenerse en la tensión de seguir buscando el propio camino en lugar de sentarse a felicitarnos por haber llegado a algún pequeño lugar. Cada vez que hagamos el intento de retomar la búsqueda o de no abandonar la que comenzamos, recibiremos mucha incomprensión, incluso también rechazo y desprecio.
Quien abandonó su propio camino para sentarse a contemplar el paisaje, pensando que era su propia tierra y congratulándose por el logro de haberla alcanzado, se sentirá amenazado por quien se atreve a seguir buscando, por quien no se resigna, por quien no se cansa de buscar. Le molestará. Lo odiará. Lo señalará con el dedo. Con esas actitudes logrará mitigar en parte la insatisfacción profunda por haberse detenido en su camino, por haberse resignado a valorar una parada como si fuera la meta.
Pero quien siente en su interior la necesidad de avanzar, de buscar, de caminar incesantemente, no se detendrá por el juicio de la sociedad. Será en vano, porque el motor que lo impulsa es interior, y esa fuerza es superior a cualquier aplauso de aprobación o mirada de desprecio que llegue desde el exterior.
"Los pájaros que nacen enjaulados creen que volar es una enfermedad"
Soy una inadaptada. Desde chica rehusé adaptarme y esto me trajo muchos problemas con todo el mundo. Nunca quise vivir como me decían que debía hacerlo, siempre me empeciné en buscar mi propio camino... ¡qué atrevida que fui! ¡qué desvergonzada! ¡qué mal agradecida! No quise aceptar como lo ideal aquéllo que la sociedad que me formó quería enseñarme que era lo ideal. Siempre sentí que eso significaba resignarme, amoldarme, detenerme, encasillarme, reducirme, negarme a mí misma.
Hace poco me dijeron como si fuera un insulto "es que tú lo quieres todo". ¿Qué es lo que está mal de quererlo todo? ¿Cuál es el problema de los resignados con quienes somos inquietos e inconformistas? ¿Por qué se sienten ofendidos al ver nuestra forma de vivir? Yo no le digo a nadie cómo vivir su vida, sólo intento ser fiel a cómo quiero vivir la mía, y eso al parecer, sin ninguna intención de mi parte, se transforma en una bofetada al orgullo de los adaptados.
Yo me declaro culpable por despertar sentimientos en los demás que les hacen creer que pueden juzgarme, señalarme, tal vez hasta odiarme. Mi culpa no es otra que jugarme la vida por la fidelidad a mí misma, a mi propia búsqueda, a mi decisión de valorar el camino más que cualquier parada en medio de él... aunque eso signifique no terminar nunca de adaptarme a la sociedad que podría regalarme el "don" de su aprobación.
Creo profundamente que la tranquilidad que puede dar la pertenencia dócil y adaptada a una sociedad normalizadora, no vale el precio que cobra por ello: la renuncia al sí mismo, el rechazo a la permanente búsqueda, el abandono del incansable caminar.
Prefiero vivir en la tensión de no cerrar mi existencia en una definición de cuatro palabras, prefiero sufrir la incomprensión por buscarme a mí misma siempre, por vivir en una permanente inquietud que me mueve a la búsqueda, por "quererlo todo" en la vida. No las cosas... sino las experiencias, las posibilidades, los tramos de camino.
Ésta soy yo: buscadora, inquieta, inadaptada, inconformista. Si me tengo que definir en cuatro palabras, podrían ser éstas. Pero creo que soy mucho más, y como no puedo explicar ese "mucho más", sigo en busca de mí misma. En camino...
lunes, 29 de noviembre de 2010
La asertividad también tiene derechos
Encontré por ahí en la web esta lista de Derechos Asertivos, extraídos del libro "La asertividad: Expresión de una sana autoestima" del autor O.Castanyer editado por Desclée De Brouwer. Están interesantes... los comparto.
- El derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
- El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
- El derecho a ser escuchado y tomado en serio.
- El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.
- El derecho a decir "NO" sin sentirse culpable.
- El derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también la persona con la que dialogo tiene el mismo derecho.
- El derecho a cambiar.
- El derecho a poder cometer errores.
- El derecho a pedir información y poder ser informado.
- El derecho a obtener aquello por lo que he pagado.
- El derecho a decidir no ser asertivo.
- El derecho a ser independiente.
- El derecho a tomar decisiones sobre mis propiedades, mi cuerpo,... mientras no viole los derechos de otras personas.
- El derecho a tener éxito.
- El derecho a gozar y a disfrutar.
- El derecho a mi descanso, al aislamiento, no dejando de ser asertivo.
- El derecho a superarme aunque supere a otros al hacerlo.
lunes, 8 de noviembre de 2010
El tiempo pasa...
- Mis canas aclaran los años que peiné esta cabellera;
- mis múltiples cicatrices enumeran todas las cosas que se tropezaron con mi camino;
- las líneas en mi frente muestran que viví noches de preocupación, momentos de perplejidad y horas de angustia que me hicieron aprender y madurar;
- las pecas de mi cuerpo indican que desde la infancia disfruté del sol y el aire libre;
- las patas de gallo que escoltan mis ojos cuentan la infinidad de sonrisas amables, guiños cómplices, risas pícaras y carcajadas exhuberantes que compartí con quienes quise;
- los hoyitos y marcas diminutas en mi cara, me cuentan que también yo viví la adolescencia, esa etapa en que las hormonas erupcionan en la suave piel infantil;
- la marca de la BCG en mi brazo derecho habla de los mimos que recibí a los 6 años por tener el brazo infectado;
- los rollos que disimulan mi cintura, explican que después de tantos años, aprendí a disfrutar de lo que como;
- la celulitis que tiembla en mis muslos, festeja que al fin dejé de vivir corriendo para "salvar al mundo";
- la vértebra torcida que me saluda cada día desde mi cintura, alegra el recuerdo de mi infancia inquieta y traviesa, cuando los golpes no dolían y uno nunca pensaba en las consecuencias...
domingo, 25 de julio de 2010
Playmóbil desencajado

domingo, 30 de mayo de 2010
¿De regreso?
jueves, 22 de octubre de 2009
Estrategias identitarias
miércoles, 14 de octubre de 2009
¿Educación o dominación?
miércoles, 5 de agosto de 2009
Alegría
lunes, 6 de julio de 2009
Nudo en la garganta
lunes, 22 de junio de 2009
No nací para ser madre

Últimamente, las personas a las que les dije esta simple verdad de mi vida, se rieron sin terminar de comprender: “No nací para ser madre”.
Uno tiene que saber para qué nació. Eso implica reconocer para qué NO nació uno.
Yo creo que no nací para ser madre, y la vida se encargó de mostrármelo. No toda mujer tiene que ser madre. Esta es una verdad que una vieja amiga me ayudó a descubrir. Es la sociedad la que nos impone ciertos estereotipos y roles de género, que a veces nos impiden descubrir nuestra verdadera identidad, nuestros verdaderos sueños, nuestro “para qué” en esta vida.
Yo me siento educadora. Creo que sí nací para educar, pero no nací para ser madre. No es lo mismo. No va todo junto. No necesariamente uno tiene que educar a sus propios hijos para ser educadora. Además, si todos tienen hijos y nadie los educa (porque se supone que para eso los mandan a la escuela) ¿adónde vamos a ir a parar?
Se preguntarán por qué digo que no nací para ser madre. Bueno, simplemente desde pequeña no me gustó esa imposición social de que las nenas tenemos que jugar con muñecas, peinarlas vestirlas bañarlas acostarlas… jugar a la casita y a ser mamás esperando al esposo que vuelve del trabajo. Cuando mi hermana, un año mayor que yo, dejaba una muñeca sobre mi cama o en algún lugar que me molestaba, yo la agarraba de los pelos y la sacaba de mi camino. Cuando ella lloraba desesperada por mi acción, cual madre compadeciendo el sufrimiento de sus “hijos”, yo le decía con obviedad “¿qué, acaso es una persona?”. Estas palabras revelan tal vez mi tendencia al realismo y al pensamiento lógico, pero también mi falta de romanticismo por esa institución social que se ha dado en llamar la maternidad.
No crecí como una niña apegada a su madre, insegura y necesitada de abrazos. Crecí como un ser más bien solitario, independiente, atípico. Me molestaba que me dieran muchos besos, abrazos y apretujones. Me molestaba que me preguntaran qué quería ser cuando fuera grande, porque a nadie le gustaban mis respuestas. Entonces ¿para qué preguntaban? Si querían escuchar que iba a ser una mamá de 10 hijos y dedicarme exclusivamente a ellos y a un hogar, ¿para qué preguntaban? Si se veía a todas luces que yo no era esa clase de nena…
Durante una época me cansé de luchar contra la sociedad, me quise amigar con el mundo, y pensé que debía buscar un “hombre ideal” (¡como si realmente existiera semejante espécimen en alguna parte del mundo!), que fuera aprobado por mi gran familia prejuzgona, y que fuera el padre de mis hijos, los hijos que la sociedad y las dos familias de las que provengo, esperaban de mí. Claro, es evidente que hubiera aplacado a muchos tíos y tías en sus preguntas de cada reunión familiar, y que me hubieran aceptado e integrado mucho más a sus vidas y a las vidas de sus hijos, como un ejemplo. Pero entonces ¿dónde quedaba yo? ¿dónde quedaban mis sueños? ¿dónde quedaba mi propia vida? Finalmente decidí ser feliz y me liberé de esos mandatos caprichosos de otros. Y no me arrepiento ni un día de mi vida.
La sociedad, a veces, puede coartar fuertemente la vocación personal de la gente, y especialmente de las mujeres.
jueves, 18 de junio de 2009
Chimpay, la cuna
En medio de kilómetros y más kilómetros de pampa, viento y tierra, el desierto del sur argentino me hacía un lugarcito. Y el pueblo de Chimpay se convertía en mi lugar. Yo conocía el lugar y a algunas personas de allí, desde hacía 5 años. Había estado por períodos cortos, de 10 ó 15 días. Pero al ir a vivir allí, mi mundo se concentró en un espacio pequeño y en un grupo reducido de personas, y a la vez, se expandió en la inmensidad de sus pampas vírgenes.
Chimpay es un pueblo de la provincia de Río Negro, que prácticamente no existiría en el mapa, si no fuera por un indiecito, hoy declarado Beato por la Iglesia Católica. Hace 104 años, un indiecito nació en sus tierras, fue bautizado en las tolderías de la zona por los padres salesianos, y hasta quiso ser cura. El era hijo del gran cacique Namuncurá, quien negoció con el Gral. Roca la rendición de los araucanos a cambio de unas pocas tierras en la zona de Neuquén. El estaba destinado a ser el heredero de la gran responsabilidad sobre su amado pueblo: el nuevo cacique. En su lugar, quiso ser el servidor de su gente, a través del Evangelio y los sacramentos. Se fue a estudiar a Buenos Aires con los salesianos, y después de unos años, ellos lo llevaron a Roma. Conoció al Papa, a quien le entregó regalos de “las indias”, su tierra. Pero su vida quedó truncada por la tuberculosis, que no pudo curarse en un clima tan distinto al de sus pampas chimpayenses, y murió en Roma a los 18 años.
Hoy Chimpay, bautizada “Cuna de Ceferino Namuncurá”, recibe todos los años a varios miles de personas, que peregrinan hasta esta tierra, donde no están sus restos mortales. Es la tierra que lo vio nacer, en unas tolderías a orillas del Río Negro. Es la gran gloria del pueblo. Se diría que la única gloria del pueblo.
Chimpay es un lugar especial, para quienes quieren descubrirlo. En mi propia vida, el año y medio que viví en sus tierras, fueron muy especiales. Chimpay y su gente me hicieron romper el cascarón dentro del cual había vivido durante 30 años sin saberlo, y fueron testigos del nacimiento de una nueva persona, de la verdadera “yo”, que emergió desde mi interior.
Chimpay fue mi tierra de metamorfosis, de transformación desde el interior. Nunca olvidaré este lugar, nunca olvidaré la sencillez de su gente, el regalo que me hicieron de no verme a través de caretas que la vida y yo misma me habían puesto. Nunca olvidaré el silencio y soledad de su desierto, que permiten a quien sabe escuchar el viento, verse por dentro y aprender a vivir desde esa verdad.
En estos momentos estoy sentada en un colectivo desde hace 19 horas, para visitar Chimpay. Y con emoción, me estoy acercando a su paisaje, a su viento, a su tierra, a su gente. Vuelvo después de unos 4 años, de visita. Vuelvo a ver amigos, que fueron testigos de mi nuevo nacimiento, a los 30 años. Vuelvo a mi segunda cuna. La única cuna que recuerdo en mi vida. Y algo se me ensancha adentro. Soy feliz de volver. Lo necesitaba. Sí, Chimpay, mi querida tierra, soy yo.

