lunes, 22 de junio de 2009

No nací para ser madre


Últimamente, las personas a las que les dije esta simple verdad de mi vida, se rieron sin terminar de comprender: “No nací para ser madre”.

Uno tiene que saber para qué nació. Eso implica reconocer para qué NO nació uno.

Yo creo que no nací para ser madre, y la vida se encargó de mostrármelo. No toda mujer tiene que ser madre. Esta es una verdad que una vieja amiga me ayudó a descubrir. Es la sociedad la que nos impone ciertos estereotipos y roles de género, que a veces nos impiden descubrir nuestra verdadera identidad, nuestros verdaderos sueños, nuestro “para qué” en esta vida.

Yo me siento educadora. Creo que sí nací para educar, pero no nací para ser madre. No es lo mismo. No va todo junto. No necesariamente uno tiene que educar a sus propios hijos para ser educadora. Además, si todos tienen hijos y nadie los educa (porque se supone que para eso los mandan a la escuela) ¿adónde vamos a ir a parar?

Se preguntarán por qué digo que no nací para ser madre. Bueno, simplemente desde pequeña no me gustó esa imposición social de que las nenas tenemos que jugar con muñecas, peinarlas vestirlas bañarlas acostarlas… jugar a la casita y a ser mamás esperando al esposo que vuelve del trabajo. Cuando mi hermana, un año mayor que yo, dejaba una muñeca sobre mi cama o en algún lugar que me molestaba, yo la agarraba de los pelos y la sacaba de mi camino. Cuando ella lloraba desesperada por mi acción, cual madre compadeciendo el sufrimiento de sus “hijos”, yo le decía con obviedad “¿qué, acaso es una persona?”. Estas palabras revelan tal vez mi tendencia al realismo y al pensamiento lógico, pero también mi falta de romanticismo por esa institución social que se ha dado en llamar la maternidad.

No crecí como una niña apegada a su madre, insegura y necesitada de abrazos. Crecí como un ser más bien solitario, independiente, atípico. Me molestaba que me dieran muchos besos, abrazos y apretujones. Me molestaba que me preguntaran qué quería ser cuando fuera grande, porque a nadie le gustaban mis respuestas. Entonces ¿para qué preguntaban? Si querían escuchar que iba a ser una mamá de 10 hijos y dedicarme exclusivamente a ellos y a un hogar, ¿para qué preguntaban? Si se veía a todas luces que yo no era esa clase de nena…

Durante una época me cansé de luchar contra la sociedad, me quise amigar con el mundo, y pensé que debía buscar un “hombre ideal” (¡como si realmente existiera semejante espécimen en alguna parte del mundo!), que fuera aprobado por mi gran familia prejuzgona, y que fuera el padre de mis hijos, los hijos que la sociedad y las dos familias de las que provengo, esperaban de mí. Claro, es evidente que hubiera aplacado a muchos tíos y tías en sus preguntas de cada reunión familiar, y que me hubieran aceptado e integrado mucho más a sus vidas y a las vidas de sus hijos, como un ejemplo. Pero entonces ¿dónde quedaba yo? ¿dónde quedaban mis sueños? ¿dónde quedaba mi propia vida? Finalmente decidí ser feliz y me liberé de esos mandatos caprichosos de otros. Y no me arrepiento ni un día de mi vida.

La sociedad, a veces, puede coartar fuertemente la vocación personal de la gente, y especialmente de las mujeres.

6 comentarios:

cris dijo...

gracias por este post.
te pasó alguna vez tener las palabras en la punta de la neurona, y que alguien más les diera forma?
bueno, eso mismito me acaba de pasar.

siga asi, idealista, que va por buen camino.

saludos!

Idealista Irredimible dijo...

Gracias Cris. A mí también me ayudaron otros a formular lo que digo acá.
Yo agradezco a las personas y los amigos que se atreven a romper los moldes y mirar de una manera más libre las cosas, porque me permiten dejar salir lo que me pasa adentro, que no encaja en ningún molde (acaso alguien lo logra en realidad?).
Saludos!

Walter Albrecht dijo...

Querida Madrina...
Me alegra que cada quien pueda definir su vocación... descubrir la verdadera vocación, no la que los otros quieren para nosotros... sino la verdadera vocación, donde encontramos a pesar de todas las dificultades, felicidad y paz... A seguir avanzando en nuestro camino, aunque haya personas que no les guste... jejejeje

Un abrazo desde Colombia

Idealista Irredimible dijo...

Gracias ahijadito! Un abrazo para ti también, desde La Serena...

Idealista Irredimible dijo...

Comentario para aquéllas mujeres que, como mi amiga Elizet, se sientan molestas por este post:
El hecho de que yo diga que no nací para ser madre, no significa en absoluto, que el serlo sea sinónimo para mí de algo malo o poco importante. Al contrario.
Mi tributo desde aquí a todas las mujeres-madres.
Yo no nací para serlo, pero nací de una de ellas.
Saludos!

Anónimo dijo...

Yo pienso lo mismo, que no nací para ser madre, pero sin embargo ahora me encuentro embarazada de cuatro meses. Tenía muchos planes, mucha vida para vivir todavía, quería viajar, estudiar, descubrir cosas nuevas y sé que todo eso no lo voy a poder hacer. Tal vez por un descuido, por no poder "cambiar la situación" apenas me enteré de este embarazo, pero bueno es una "condena" que estoy aceptando de a poco, me hubiera gustado ser como vos, que decidiste algo y lo pudiste lograr! Te admiro.