viernes, 27 de febrero de 2009

Madre desconocida

Al ser argentina y no tener alcurnia, tengo un solo apellido, el paterno. Dentro de Argentina esto parece normal y corriente, y a mí, con un nombre y un apellido, toda la vida me alcanzó para seguir siendo única e irrepetible.

Sin embargo, en Chile como en México, colocan como primer apellido el paterno, y como segundo, el materno. Y ahora que se inventaron los sistemas computacionales hasta para registrar a las personas que entran al baño público, se crea un grave problema para los argentinos comunes y corrientes que andan por el mundo (salvo que estén en Italia): ¿qué poner en el campo ”apellido materno” para que el sistema te registre?

Un tema son las caras de extrañeza y las preguntas capciosas de los funcionarios cuando les digo que “no tengo segundo apellido”, que provocan respuestas mías a la altura de la circunstancia, del tipo “tengo un solo apellido, soy pobre”. O “cuando mi papá me inscribió, sólo le alcanzó para comprar once letras”; o sandeces por el estilo, que brotan del aburrimiento de tener que repetir siempre lo mismo: “es que soy argentina, y en Argentina se registra sólo el apellido paterno”.

El siguiente tema es soportar los comentarios del tipo “¡qué machistas!”, “ah, pero entonces son misóginos”, “entonces el apellido de la mujer… ¿desaparece?” (a lo que les respondo “siempre desaparece, sólo que acá dura una generación para que una se ilusione”), o “pero entonces ¿no valoran a las madres?”. Y cuando me atienden mujeres los comentarios son del tipo “ja, como si el padre fuera lo importante, cuando la madre es lo único seguro!”, “claro, porque seguro que ellos son los que más sufren cuando nacen los hijos, no?” y reivindicaciones resentidas por el estilo, a las que generalmente respondo con alguna frase tipo “bueno, pero en un esquema patriarcal, como el de TODAS las sociedades latinoamericanas, lo importante es tener la herencia paterna, para asegurar el sustento económico del niño…”

Pero lo más “gracioso” de todo no son los diálogos, sino los resultados: cómo en cada lugar se resuelve el asunto, para que el sistema computacional rígido y diseñado con la lógica unívoca de ”todos son iguales a nosotros”, me acepte como persona, a pesar de no tener dos apellidos.

En Chile por ejemplo, mi segundo apellido para la AFP es ”NC” (supongo que quisieron decir que soy tan gil que no contesté). O sea que cuando me quiera jubilar y no coincida el nombre de mis aportes de toda la vida con mi partida de nacimiento, no sé a quién le donarán el fruto de mi trabajo. Bueno, en otros sistemas, como el de tarjetas de puntos, mi apellido materno es “SIN”. Otros optan por repetir el primer apellido, como si fuera el materno el único que tengo, o poner la inicial del mismo como segundo apellido. Para mi empleador en uno de mis lugares de trabajo, era “NN”. Y cada vez que tenía que firmar mi registro de entrada y salida, me sentía una desaparecida, o una occisa desconocida encontrada en la calle. En los sistemas donde yo misma puedo digitar y buscar las opciones, en general engaño al sistema poniendo espacios, o a lo sumo, un punto “.”.

En México, al momento de tramitar la visa de estudiante, me aceptaron el vacío y quedé con un solo apellido. Pero al matricularme en la Universidad y ser inscrita en el sistema de alumnos, mi segundo apellido fue “---“. Cuando tuve que registrarme en un sistema de red interna de la Facultad donde estudio, para poder tener acceso a internet desde mi computadora personal; no me aceptó los tres guiones como antes, ni el espacio, ni el punto. Había que poner palabras. Consultando por teléfono a los administradores de la red, me hicieron escribir como nombre de mi madre “NO TENGO”.

Fue el apellido materno más triste que me han inventado. Pobre mi madre, que tiene mil apellidos en mi nombre.

Les recomiendo encarecidamente a los argentinos que aún piensen engendrar hijos para que nazcan en ese país, que hagan lo que sea necesario, para que desde el momento de su registro, tengan dos apellidos. Si no los tienen invéntenlos, repitan el que tengan, hagan lo que sea… pero por el amor del globo: ¡déjenle abiertas las puertas del mundo a sus hijos: no les pongan un solo apellido!

4 comentarios:

chizita dijo...

jajajajajajjaa.
el mejor fue "sin".

sos genial hermanita
q bueno lo del teleeeeeeeeeeef.

krasia may dijo...

hello amigüita, que pena lo del apellido que te pusieron, pero que importan los apellidos, con o sin apellidos serías de todas maneras tú, es decir, Fátima, la argentina loca, mi amiga, la reclamadora, la politicamente incorrecta o correcta según las circunstancias, que importa el apellido que te pusieron esos boludos, si al fin de cuenta lo que importa es toda la gente que te quiere y te extraña. Cariños.

Angela dijo...

Está demasiado bueno!!!!!

Walter Albrecht dijo...

Madrina... veo que eso de lo apellidos te tiene sufriendo... Yo aun recuerdo cuando me tocaba inscribir tu nombre para lo de la confirmación... cuando lo di.. uno de los padres del colegio me pregunto por tu apellido materno, yo ignorante, tuve que ir hasta la casa de la comunidad y como no estabas preguntarle a Rosario... que me dijo, Fátima es argentina, no tiene segundo apellido... y yo con mi repuesta de vuelta al padre.. que me miró un momento, y finalmente acepto dejarte con un solo apellido.... Por lo menos en ese tiempo no usaban un sistema computacional rigido como ahora... sino a papel, jijiji
Un abrazote inmenso y muchas bendiciones desde Colombia