domingo, 22 de febrero de 2009

Mi primer PC

Viernes 20 de febrero

Hoy fui feliz. Como no tenía clase, me levanté temprano, con todo el ánimo del mundo, y me fui en metro al centro. Gracias a la recomendación de mis compañeros de la Maestría, llegué a la “Plaza de la Tecnología”, que es como una feria persa de Chile, o un boli-shopping de Argentina, pero sólo de artículos electrónicos, computadoras y accesorios. Cuando uno camina por sus pasillos atestados de gente, te van acosando cada 2 metros con frases como “¿qué buscas, amiga?”, o “pregunte lo que necesite, cotice aquí”, o “amigo, aquí tenemos lo que estás buscando”, y muchas frases más por el estilo, pero la palabra que se repetía siempre era la de “amigo/a”. Yo sólo pregunté lo que quería saber allí donde no me acosaron, no le di bola a ninguno de los “amigos”, y tuve la gran tentación de buscar un papel y un marcador para hacerme un cartel en el pecho que dijera “NO SOY TU AMIGA”. Si vuelvo, prometo hacerlo.

Después de marearme con miles de números y datos en el laberinto que ocupa una manzana entera (con 3 pisos), salí al aire libre a buscar un banco donde cambiar mis dolaritos ahorrados para hacer “la” compra. Como Chizz está equivocada y yo tengo buena suerte para las cosas importantes, el tipo del banco se equivocó, y en vez de pagarme el valor bajo del dólar, me pagó el alto, suprimiendo así la ganancia del banco.

Volvía hacia la famosa feria de las teclas, cuando vi en la vereda opuesta, un gran negocio de impresoras y suministros HP, y fui a ver los precios de estos aparatos, ya que también necesito uno. Al entrar vi que también tenían computadoras, pregunté por el modelo que había visto adentro del enjambre de cables y amigos, y comprobé gustosa que tenía buen precio, pero además me daban boleta, garantía y un local amplio y luminoso donde tratar, aspecto vital para mí.

Finalmente compré el aparatito más lindo que tuve en mi vida: esta computadora desde donde escribo, que es un netbook de 8.9 pulgadas de monitor, pero no por eso menos rápida ni capaz. Me salió 360 dólares, lo que considero una ganga. También le compré una amiguita para que compartan información: una impresora HP simple, bonita y barata. Tan barata, que comprar los dos cartuchos de repuesto, cuando se me acaben, me saldrá más caro que comprarla nueva, con sus cartuchos incluidos. Así que ya decidí que cuando me quede sin tinta, la vendo y me compro una nueva.

Al llegar a casa a la noche (después de asistir a una conferencia sobre transculturación en Europa y en América Latina en la otra punta de la ciudad: hoy estuve casi 5 horas en el metro), estaba tan feliz “como chico con juguete nuevo”, que me compré cosas nutritivas para celebrar: cerveza y papas fritas. Y me puse a traspasar los miles de archivos que traje en varios pen drives, empezando por la música, claro. Y la primera canción que reproduje, para estrenar los parlantitos que tienen poca potencia pero buen sonido, fue “La muralla verde” de Los Enanitos, ya que representa muy bien este momento de mi vida. Cuando terminé de grabar mis antiguos archivos, me quedaron 135 Gb, de los 160 que tenía el disco. Y eso que en Chile dejé respaldo de cosas que no pude traer!

Claro que ya tengo computadora, pero aún no tengo Internet, así que mandaré esto al blog cuando vaya a un ciber.

Vean si no es preciosa mi chiquitita… Claro, si logran verla detrás de mi nutritiva cena!


¡¡¡SOY FELIZ!!!

2 comentarios:

Angela dijo...

Esa era la que quería yoooooo!!!!!!
Después de ta cambio... jajajaja

krasia may dijo...

Felicidades amiga, sin duda vas dando pasos firmes cariños.